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La Conciencia Cósmica


La “conciencia cósmica “ de la doctora Kübler-Ross

 

La “conciencia cósmica “ de la doctora Kübler-Ross

La doctora suiza Elizabeth Kübler-Ross se convirtió en el siglo XX en una de las mayores expertas mundiales en el tétrico campo de la muerte, al implementar modernos cuidados paliativos con personas moribundas para que éstas afrontaran el fin de su vida con serenidad y hasta con alegría (en su libro “On death and dying”, de 1969, que versa sobre la muerte y el acto de morir, describe las diferentes fases del enfermo según se aproxima su muerte, esto es, la negación, ira, negociación, depresión y aceptación). Sin embargo, esta médico, psiquiatra y escritora nacida en Zurich en 1926 también se transformó en una pionera en el campo de la investigación de las experiencias cercanas a la muerte, lo que le permitió concluir algo que espantó a muchos de sus colegas: sí existe vida después de la muerte.

La férrea formación científica de esta doctora, que se graduó en psiquiatría en Estados Unidos, recibiendo posteriormente 23 doctorados honoríficos, se pondría a prueba luego de que a lo largo de su prolongada práctica profesional los enfermos moribundos a los que trataba le relataran una serie de increíbles experiencias paranormales, lo que la motivó a indagar si existía el Más Allá o la vida después de la muerte.

Así, se dedicó a estudiar miles de casos, a través del mundo entero, de personas de distinta edad (la más joven tenía dos años, y la mayor, 97 años), raza y religión, que habían sido declaradas clínicamente muertas y que fueron llamadas de nuevo a la vida.

“El primer caso que me asombró fue el de una paciente de apellido Schwartz, que estuvo clínicamente muerta mientras se encontraba internada en un hospital. Ella se vio deslizarse lenta y tranquilamente fuera de su cuerpo físico y pronto flotó a una cierta distancia por encima de su cama. Nos contaba, con humor, cómo desde allí miraba su cuerpo extendido, que le parecía pálido y feo. Se encontraba extrañada y sorprendida, pero no asustada ni espantada. Nos contó cómo vio llegar al equipo de reanimación y nos explicó con detalle quién llegó primero y quién último. No sólo escuchó claramente cada palabra de la conversación, sino que pudo leer igualmente los pensamientos de cada uno. Tenía ganas de interpelarlos para decirles que no se dieran prisa puesto que se encontraba bien, pero pronto comprendió que los demás no la oían. La señora Schwartz decidió entonces detener sus esfuerzos y perdió su conciencia. Fue declarada muerta cuarenta y cinco minutos después de empezar la reanimación, y dio signos de vida después, viviendo todavía un año y medio más. Su relato no fue el único. Mucha gente abandona su cuerpo en el transcurso de una reanimación o una intervención quirúrgica y observa, efectivamente, dicha intervención”.

La doctora Kübler-Ross añade que “otro caso bastante dramático fue el de un hombre que perdió a sus suegros, a su mujer y a sus ocho hijos, que murieron carbonizados luego que la furgoneta en la que viajaban chocara con un camión cargado con carburante.

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Cuando el hombre se enteró del accidente permaneció semanas en estado de shock, no se volvió a presentar al trabajo, no era capaz de hablar con nadie, intentó buscar refugio en el alcohol y las drogas, y terminó tirado en la cuneta, en el sentido literal de la palabra. Su último recuerdo que tenía de esa vida que llevó durante dos años fue que estaba acostado, borracho y drogado, sobre un camino bastante sucio que bordeaba un bosque.

Sólo tenía un pensamiento: no vivir más y reunirse de nuevo con su familia. Entonces, cuando se encontraba tirado en ese camino, fue atropellado por un vehículo que no alcanzó a verlo. En ese preciso momento se encontró él mismo a algunos metros por encima del lugar del accidente, mirando su cuerpo gravemente herido que yacía en la carretera. Entonces apareció su familia ante él, radiante de luminosidad y de amor. Una feliz sonrisa sobre cada rostro. Se comunicaron con él sin hablar, sólo por transmisión del pensamiento, y le hicieron saber la alegría y la felicidad que el reencuentro les proporcionaba.

El hombre no fue capaz de darnos a conocer el tiempo que duró esa comunicación, pero nos dijo que quedó tan violentamente turbado frente a la salud, la belleza, el resplandor que ofrecían sus seres queridos, lo mismo que la aceptación de su actual vida y su amor incondicional, que juró no tocarlos ni seguirlos, sino volver a su cuerpo terrestre para comunicar al mundo lo que acababa de vivir, y de ese modo reparar sus vanas tentativas de suicidio. Enseguida se volvió a encontrar en el lugar del accidente y observó a distancia cómo el chofer estiraba su cuerpo en el interior del vehículo. Llegó la ambulancia y vio cómo lo transportaban a la sala de urgencias de un hospital. Cuando despertó y se recuperó, se juró a sí mismo no morirse mientras no hubiese tenido ocasión de compartir la experiencia de una vida después de la muerte con la mayor cantidad de gente posible”.

La doctora Kübler-Ross añadió “que investigamos casos de pacientes que estuvieron clínicamente muertos durante algunos minutos y pudieron explicarnos con precisión cómo los sacaron el cuerpo del coche accidentado con dos o tres sopletes. O de personas que incluso nos detallaron el número de la matricula del coche que los atropelló y continuó su ruta sin detenerse.

Una de mis enfermas que sufría esclerosis y que sólo podía desplazarse utilizando una silla de ruedas, lo primero que me dijo al volver de una experiencia en el umbral de la muerte fue: «Doctora Ross, ¡Yo podía bailar de nuevo!», o niñas que a consecuencia de una quimioterapia perdieron el pelo y me dijeron después de una experiencia semejante: «Tenía de nuevo mis rizos». Parecían que se volvían perfectos. Muchos de mis escépticos colegas me decían: «Se trata sólo de una proyección del deseo o de una fantasía provocada por la falta de oxígeno.» Les respondí que algunos pacientes que sufrían de ceguera total nos contaron con detalle no sólo el aspecto de la habitación en la que se encontraban en aquel momento, sino que también fueron capaces de decirnos quién entró primero en la habitación para reanimarlos, además de describirnos con precisión el aspecto y la ropa de todos los que estaban presentes”.

La muerte no existe

La doctora Kübler-Ross aseguró que después de investigar estos casos concluyó que la muerte no existía en realidad, pues ésta sería no más que el abandono del cuerpo físico, de la misma manera que la mariposa deja su capullo de seda. ”Ninguno de mis enfermos que vivió una experiencia del umbral de la muerte tuvo a continuación miedo a morir. Ni uno sólo de ellos, ni siquiera los niños. Tuvimos el caso de una niña de doce años que también estuvo clínicamente muerta. Independientemente del esplendor magnífico y de la luminosidad extraordinaria que fueron sido descritos por la mayoría de los sobrevivientes, lo que este caso tiene de particular es que su hermano estaba a su lado y la había abrazado con amor y ternura. Después de haber contado todo esto a su padre, ella le dijo: «Lo único que no comprendo de todo esto es que en realidad yo no tengo un hermano.» Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie le había hablado hasta ahora, que había muerto tres meses antes de su nacimiento”.

La doctora agregó que “en varios casos de colisiones frontales, donde algunos de los miembros de la familia morían en el acto y otros eran llevados a diferentes hospitales, me tocó ocuparme particularmente de los niños y sentarme a la cabecera de los que estaban en estado crítico. Yo sabía con certeza que estos moribundos no conocían ni cuántos ni quiénes de la familia ya habían muerto a consecuencia del accidente. En ese momento yo les preguntaba si estaban dispuestos y si eran capaces de compartir conmigo sus experiencias. Uno de esos niños moribundos me dijo una vez: «Todo va bien. Mi madre y Pedro me están esperando ya.» Yo ya sabía que su madre había muerto en el lugar del accidente, pero ignoraba que Pedro, su hermano, acababa de fallecer 10 minutos antes”.

La luz al final del túnel

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La doctora Kübler-Ross explicó que después que abandonar el cuerpo físico y de reencontrarse con aquellos seres queridos que partieron y que uno amó, se pasa por una fase de transición totalmente marcada por factores culturales terrestres, donde aparece un pasaje, un túnel, un pórtico o la travesía de un puente.

Allí, una luz brilla al final. “Y esa luz era más blanca, de una claridad absoluta, a medida que los pacientes se aproximaban a ella. Y ellos se sentían llenos del amor más grande, indescriptible e incondicional que uno se pudiera imaginar. No hay palabras para describirlo. Cuando alguien tiene una experiencia del umbral de la muerte, puede mirar esta luz sólo muy brevemente. De cualquier manera, cuando se ha visto la luz, ya no se quiere volver. Frente a esta luz, ellos se daban cuenta por primera vez de lo que hubieran podido ser. Vivían la comprensión sin juicio, un amor incondicional, indescriptible. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, se daban cuenta de que toda vuestra vida aquí abajo no es más que una. Y allí se alcanzaba el conocimiento. Conocían exactamente cada pensamiento que tuvieron en cada momento de su vida, conocieron cada acto que hicieron y cada palabra que pronunciaron. En el momento en que contemplaron una vez más toda su vida, interpretaron todas las consecuencias que resultaron de cada uno de sus pensamientos, de sus palabras y de cada uno de sus actos. Muchos se dieron cuenta de que Dios era el amor incondicional. Después de esa «revisión» de sus vidas ya no lo culpaban a Él como responsable de sus destinos. Se dieron cuenta de que ellos mismos eran sus peores enemigos, y se reprocharon el haber dejado pasar tantas ocasiones para crecer. Sabían ahora que cuando su casa ardió, que cuando su hijo falleció, cuando su marido fue herido o cuando sufrieron un ataque de apoplejía, todos estos golpes de la suerte representaron posibilidades para enriquecerse, para crecer”.

La especialista, en este punto, hizo una recomendación a todos aquellos que sufren el trance de tener cerca a algún ser querido a punto de morir. “Deben saber que si se acercan al lecho de su padre o madre moribundos, aunque estén ya en coma profundo, ellos oyen todo lo que les dicen, y en ningún caso es tarde para expresar «lo siento», «te amo» o alguna otra cosa que quieran decirles. Nunca es demasiado tarde para pronunciar estas palabras, aunque sea después de la muerte, ya que las personas fallecidas siguen oyendo. Incluso en ese mismo momento se pueden arreglar «asuntos pendientes», aunque éstos se remonten a diez o veinte años atrás. Se pueden liberar de su culpabilidad para poder volver a vivir ellos mismos”.

La “conciencia cósmica “ de la doctora Kübler-Ross

ALMAS GEMELAS10

La doctora Elizabeth Kübler-Ross, intrigada por todos estos asombrosos relatos, decidió una vez comprobar por sí misma su veracidad. Y, luego de ser inducida a una muerte artificial en un laboratorio médico de Virginia, experimentó dos veces estar fuera de su cuerpo.

“Cuando volví a la conciencia tenía la frase «Shanti Nilaya», que por cierto no sabía qué significaba, dándome vueltas en mi cabeza. La noche siguiente la pasé sola, en una pensión aislada en medio del bosque de Blue Ridge Mountains. Allí, luego de sufrir inexplicables dolores físicos, fue gratificada con una experiencia de renacimiento que no podría ser descrita con nuestro lenguaje. Al principio hubo una oscilación o pulsación muy rápida a nivel del vientre que se extendió por todo mi cuerpo. Esta vibración se extendió a todo lo que yo miraba: el techo, la pared, el suelo, los muebles, la cama, la ventana y hasta el cielo que veía a través de ella. Los árboles también fueron alcanzados por esta vibración y finalmente el planeta Tierra. Efectivamente, tenía la impresión de que la tierra entera vibraba en cada molécula. Después vi algo que se parecía al capullo de una flor de loto que se abría delante de mí para convertirse en una flor maravillosa y detrás apareció esa luz esplendorosa de la que hablaban siempre mis enfermos. Cuando me aproximé a la luz a través de la flor de loto abierta y vibrante, fui atraída por ella suavemente pero cada vez con más intensidad. Fui atraída por el amor inimaginable, incondicional, hasta fundirme completamente en él. En el instante en que me uní a esa fuente de luz cesaron todas las vibraciones. Me invadió una gran calma y caí en un sueño profundo parecido a un trance. Al despertarme caí en el éxtasis más extraordinario que un ser humano haya vivido sobre la tierra. Me encontraba en un estado de amor absoluto y admiraba todo lo que estaba a mi alrededor. Mientras bajaba por una colina estaba en comunión amorosa, con cada hoja, con cada nube, brizna de hierba y ser viviente. Sentía incluso las pulsaciones de cada piedrecilla del camino y pasaba «por encima» de ellas, en el propio sentido del término, interpelándolas con el pensamiento: «No puedo pisaros, no puedo haceros daño», y cuando llegué abajo de la colina me di cuenta de que ninguno de mis pasos había tocado el suelo y no dudé de la realidad de esta vivencia. Se trataba sencillamente de una percepción como resultado de la conciencia cósmica. Me fue permitido reconocer la vida en cada cosa de la naturaleza con este amor que ahora soy incapaz de formular. Me hicieron falta varios días para volver a encontrarme bien en mi existencia física, y dedicarme a las trivialidades de la vida cotidiana como fregar lavar la ropa o preparar la comida para mi familia. Posteriormente averigué que “Shanti Nilaya» significa el puerto de paz final que nos espera. Ese estar en casa al que volveremos un día después de atravesar nuestras angustias, dolores y sufrimientos, después de haber aprendido a desembarazarnos de todos los dolores y ser lo que el Creador ha querido que seamos: seres equilibrados que han comprendido que el amor verdadero no es posesivo”.

La Dra. Elizabeth Kübler-Ross, luego que en 1995 sufriera una serie de apoplejías que paralizaron el lado derecho de su cara, falleció en Scottdale, Arizona, el 24 de agosto del 2004. Se enfrentó a su propia muerte con la valentía que había afrontado la de los demás, y con el coraje que aprendió de sus pacientes más pequeños. Sólo pidió que la despidieran con alegría, lanzando globos al cielo para anunciar su llegada.

En su lecho de muerte, por cierto, sus amigos y seres queridos le preguntaron si le temía a la muerte, a lo que ella replicó: «No, de ningún modo me atemoriza; diría que me produce alegría de antemano. No tenemos nada que temer de la muerte, pues la muerte no es el fin sino más bien un radiante comienzo. Nuestra vida en el cuerpo terrenal sólo representa una parte muy pequeña de nuestra existencia. Nuestra muerte no es el fin o la aniquilación total, sino que todavía nos esperan alegrías maravillosas”.

 


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Un radiante comienzo


Un radiante comienzo

Elizabeth Kübler-Ross: La connotada científica que confirmó que sí existe el Más Allá

Esta médico y psiquiatra suiza recabó centenares de testimonios de experiencias extracorporales, lo que la llevó a concluir que “la muerte no era un fin, sino un radiante comienzo”.
La doctora suiza Elizabeth Kübler-Ross se convirtió en el siglo XX en una de las mayores expertas mundiales en el tétrico campo de la muerte, al implementar modernos cuidados paliativos con personas moribundas para que éstas afrontaran el fin de su vida con serenidad y hasta con alegría (en su libro “On death and dying”, de 1969, que versa sobre la muerte y el acto de morir, describe las diferentes fases del enfermo según se aproxima su muerte, esto es, la negación, ira, negociación, depresión y aceptación). Sin embargo, esta médico, psiquiatra y escritora nacida en Zurich en 1926 también se transformó en una pionera en el campo de la investigación de las experiencias cercanas a la muerte, lo que le permitió concluir algo que espantó a muchos de sus colegas: sí existe vida después de la muerte.

La férrea formación científica de esta doctora, que se graduó en psiquiatría en Estados Unidos, recibiendo posteriormente 23 doctorados honoríficos, se pondría a prueba luego de que a lo largo de su prolongada práctica profesional los enfermos moribundos a los que trataba le relataran una serie de increíbles experiencias paranormales, lo que la motivó a indagar si existía el Más Allá o la vida después de la muerte. Así, se dedicó a estudiar miles de casos, a través del mundo entero, de personas de distinta edad (la más joven tenía dos años, y la mayor, 97 años), raza y religión, que habían sido declaradas clínicamente muertas y que fueron llamadas de nuevo a la vida.

Elizabeth-Kubler-Ross-1“El primer caso que me asombró fue el de una paciente de apellido Schwartz, que estuvo clínicamente muerta mientras se encontraba internada en un hospital. Ella se vio deslizarse lenta y tranquilamente fuera de su cuerpo físico y pronto flotó a una cierta distancia por encima de su cama. Nos contaba, con humor, cómo desde allí miraba su cuerpo extendido, que le parecía pálido y feo. Se encontraba extrañada y sorprendida, pero no asustada ni espantada. Nos contó cómo vio llegar al equipo de reanimación y nos explicó con detalle quién llegó primero y quién último. No sólo escuchó claramente cada palabra de la conversación, sino que pudo leer igualmente los pensamientos de cada uno. Tenía ganas de interpelarlos para decirles que no se dieran prisa puesto que se encontraba bien, pero pronto comprendió que los demás no la oían. La señora Schwartz decidió entonces detener sus esfuerzos y perdió su conciencia. Fue declarada muerta cuarenta y cinco minutos después de empezar la reanimación, y dio signos de vida después, viviendo todavía un año y medio más. Su relato no fue el único. Mucha gente abandona su cuerpo en el transcurso de una reanimación o una intervención quirúrgica y observa, efectivamente, dicha intervención”.

La doctora Kübler-Ross añade que “otro caso bastante dramático fue el de un hombre que perdió a sus suegros, a su mujer y a sus ocho hijos, que murieron carbonizados luego que la furgoneta en la que viajaban chocara con un camión cargado con carburante. Cuando el hombre se enteró del accidente permaneció semanas en estado de shock, no se volvió a presentar al trabajo, no era capaz de hablar con nadie, intentó buscar refugio en el alcohol y las drogas, y terminó tirado en la cuneta, en el sentido literal de la palabra. Su último recuerdo que tenía de esa vida que llevó durante dos años fue que estaba acostado, borracho y drogado, sobre un camino bastante sucio que bordeaba un bosque. Sólo tenía un pensamiento: no vivir más y reunirse de nuevo con su familia. Entonces, cuando se encontraba tirado en ese camino, fue atropellado por un vehículo que no alcanzó a verlo. En ese preciso momento se encontró él mismo a algunos metros por encima del lugar del accidente, mirando su cuerpo gravemente herido que yacía en la carretera. Entonces apareció su familia ante él, radiante de luminosidad y de amor. Una feliz sonrisa sobre cada rostro. Se comunicaron con él sin hablar, sólo por transmisión del pensamiento, y le hicieron saber la alegría y la felicidad que el reencuentro les proporcionaba. El hombre no fue capaz de darnos a conocer el tiempo que duró esa comunicación, pero nos dijo que quedó tan violentamente turbado frente a la salud, la belleza, el resplandor que ofrecían sus seres queridos, lo mismo que la aceptación de su actual vida y su amor incondicional, que juró no tocarlos ni seguirlos, sino volver a su cuerpo terrestre para comunicar al mundo lo que acababa de vivir, y de ese modo reparar sus vanas tentativas de suicidio. Enseguida se volvió a encontrar en el lugar del accidente y observó a distancia cómo el chofer estiraba su cuerpo en el interior del vehículo. Llegó la ambulancia y vio cómo lo transportaban a la sala de urgencias de un hospital. Cuando despertó y se recuperó, se juró a sí mismo no morirse mientras no hubiese tenido ocasión de compartir la experiencia de una vida después de la muerte con la mayor cantidad de gente posible”.

La doctora Kübler-Ross añadió “que investigamos casos de pacientes que estuvieron clínicamente muertos durante algunos minutos y pudieron explicarnos con precisión cómo los sacaron el cuerpo del coche accidentado con dos o tres sopletes. O de personas que incluso nos detallaron el número de la matricula del coche que los atropelló y continuó su ruta sin detenerse. Una de mis enfermas que sufría esclerosis y que sólo podía desplazarse utilizando una silla de ruedas, lo primero que me dijo al volver de una experiencia en el umbral de la muerte fue: «Doctora Ross, ¡Yo podía bailar de nuevo!», o niñas que a consecuencia de una quimioterapia perdieron el pelo y me dijeron después de una experiencia semejante: «Tenía de nuevo mis rizos». Parecían que se volvían perfectos. Muchos de mis escépticos colegas me decían: «Se trata sólo de una proyección del deseo o de una fantasía provocada por la falta de oxígeno.» Les respondí que algunos pacientes que sufrían de ceguera total nos contaron con detalle no sólo el aspecto de la habitación en la que se encontraban en aquel momento, sino que también fueron capaces de decirnos quién entró primero en la habitación para reanimarlos, además de describirnos con precisión el aspecto y la ropa de todos los que estaban presentes”.

La muerte no existe

La doctora Kübler-Ross aseguró que después de investigar estos casos concluyó que la muerte no existía en realidad, pues ésta sería no más que el abandono del cuerpo físico, de la misma manera que la mariposa deja su capullo de seda. ”Ninguno de mis enfermos que vivió una experiencia del umbral de la muerte tuvo a continuación miedo a morir. Ni uno sólo de ellos, ni siquiera los niños. Tuvimos el caso de una niña de doce años que también estuvo clínicamente muerta. Independientemente del esplendor magnífico y de la luminosidad extraordinaria que fueron sido descritos por la mayoría de los sobrevivientes, lo que este caso tiene de particular es que su hermano estaba a su lado y la había abrazado con amor y ternura. Después de haber contado todo esto a su padre, ella le dijo: «Lo único que no comprendo de todo esto es que en realidad yo no tengo un hermano.» Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie le había hablado hasta ahora, que había muerto tres meses antes de su nacimiento”.

La doctora agregó que “en varios casos de colisiones frontales, donde algunos de los miembros de la familia morían en el acto y otros eran llevados a diferentes hospitales, me tocó ocuparme particularmente de los niños y sentarme a la cabecera de los que estaban en estado crítico. Yo sabía con certeza que estos moribundos no conocían ni cuántos ni quiénes de la familia ya habían muerto a consecuencia del accidente. En ese momento yo les preguntaba si estaban dispuestos y si eran capaces de compartir conmigo sus experiencias. Uno de esos niños moribundos me dijo una vez: «Todo va bien. Mi madre y Pedro me están esperando ya.» Yo ya sabía que su madre había muerto en el lugar del accidente, pero ignoraba que Pedro, su hermano, acababa de fallecer 10 minutos antes”.

La luz al final del túnel

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La doctora Kübler-Ross explicó que después que abandonar el cuerpo físico y de reencontrarse con aquellos seres queridos que partieron y que uno amó, se pasa por una fase de transición totalmente marcada por factores culturales terrestres, donde aparece un pasaje, un túnel, un pórtico o la travesía de un puente. Allí, una luz brilla al final. “Y esa luz era más blanca, de una claridad absoluta, a medida que los pacientes se aproximaban a ella. Y ellos se sentían llenos del amor más grande, indescriptible e incondicional que uno se pudiera imaginar. No hay palabras para describirlo. Cuando alguien tiene una experiencia del umbral de la muerte, puede mirar esta luz sólo muy brevemente. De cualquier manera, cuando se ha visto la luz, ya no se quiere volver. Frente a esta luz, ellos se daban cuenta por primera vez de lo que hubieran podido ser. Vivían la comprensión sin juicio, un amor incondicional, indescriptible. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, se daban cuenta de que toda vuestra vida aquí abajo no es más que una. Y allí se alcanzaba el conocimiento. Conocían exactamente cada pensamiento que tuvieron en cada momento de su vida, conocieron cada acto que hicieron y cada palabra que pronunciaron. En el momento en que contemplaron una vez más toda su vida, interpretaron todas las consecuencias que resultaron de cada uno de sus pensamientos, de sus palabras y de cada uno de sus actos. Muchos se dieron cuenta de que Dios era el amor incondicional. Después de esa «revisión» de sus vidas ya no lo culpaban a Él como responsable de sus destinos. Se dieron cuenta de que ellos mismos eran sus peores enemigos, y se reprocharon el haber dejado pasar tantas ocasiones para crecer. Sabían ahora que cuando su casa ardió, que cuando su hijo falleció, cuando su marido fue herido o cuando sufrieron un ataque de apoplejía, todos estos golpes de la suerte representaron posibilidades para enriquecerse, para crecer”.

La especialista, en este punto, hizo una recomendación a todos aquellos que sufren el trance de tener cerca a algún ser querido a punto de morir. “Deben saber que si se acercan al lecho de su padre o madre moribundos, aunque estén ya en coma profundo, ellos oyen todo lo que les dicen, y en ningún caso es tarde para expresar «lo siento», «te amo» o alguna otra cosa que quieran decirles. Nunca es demasiado tarde para pronunciar estas palabras, aunque sea después de la muerte, ya que las personas fallecidas siguen oyendo. Incluso en ese mismo momento se pueden arreglar «asuntos pendientes», aunque éstos se remonten a diez o veinte años atrás. Se pueden liberar de su culpabilidad para poder volver a vivir ellos mismos”.

La “conciencia cósmica “ de la doctora Kübler-Ross

La doctora Elizabeth Kübler-Ross, intrigada por todos estos asombrosos relatos, decidió una vez comprobar por sí misma su veracidad. Y, luego de ser inducida a una muerte artificial en un laboratorio médico de Virginia, experimentó dos veces estar fuera de su cuerpo. “Cuando volví a la conciencia tenía la frase «Shanti Nilaya», que por cierto no sabía qué significaba, dándome vueltas en mi cabeza. La noche siguiente la pasé sola, en una pensión aislada en medio del bosque de Blue Ridge Mountains. Allí, luego de sufrir inexplicables dolores físicos, fue gratificada con una experiencia de renacimiento que no podría ser descrita con nuestro lenguaje. Al principio hubo una oscilación o pulsación muy rápida a nivel del vientre que se extendió por todo mi cuerpo. Esta vibración se extendió a todo lo que yo miraba: el techo, la pared, el suelo, los muebles, la cama, la ventana y hasta el cielo que veía a través de ella. Los árboles también fueron alcanzados por esta vibración y finalmente el planeta Tierra. Efectivamente, tenía la impresión de que la tierra entera vibraba en cada molécula. Después vi algo que se parecía al capullo de una flor de loto que se abría delante de mí para convertirse en una flor maravillosa y detrás apareció esa luz esplendorosa de la que hablaban siempre mis enfermos. Cuando me aproximé a la luz a través de la flor de loto abierta y vibrante, fui atraída por ella suavemente pero cada vez con más intensidad. Fui atraída por el amor inimaginable, incondicional, hasta fundirme completamente en él. En el instante en que me uní a esa fuente de luz cesaron todas las vibraciones. Me invadió una gran calma y caí en un sueño profundo parecido a un trance. Al despertarme caí en el éxtasis más extraordinario que un ser humano haya vivido sobre la tierra. Me encontraba en un estado de amor absoluto y admiraba todo lo que estaba a mi alrededor. Mientras bajaba por una colina estaba en comunión amorosa, con cada hoja, con cada nube, brizna de hierba y ser viviente. Sentía incluso las pulsaciones de cada piedrecilla del camino y pasaba «por encima» de ellas, en el propio sentido del término, interpelándolas con el pensamiento: «No puedo pisaros, no puedo haceros daño», y cuando llegué abajo de la colina me di cuenta de que ninguno de mis pasos había tocado el suelo y no dudé de la realidad de esta vivencia. Se trataba sencillamente de una percepción como resultado de la conciencia cósmica. Me fue permitido reconocer la vida en cada cosa de la naturaleza con este amor que ahora soy incapaz de formular. Me hicieron falta varios días para volver a encontrarme bien en mi existencia física, y dedicarme a las trivialidades de la vida cotidiana como fregar lavar la ropa o preparar la comida para mi familia. Posteriormente averigué que “Shanti Nilaya» significa el puerto de paz final que nos espera. Ese estar en casa al que volveremos un día después de atravesar nuestras angustias, dolores y sufrimientos, después de haber aprendido a desembarazarnos de todos los dolores y ser lo que el Creador ha querido que seamos: seres equilibrados que han comprendido que el amor verdadero no es posesivo”.

La Dra. Elizabeth Kübler-Ross, luego que en 1995 sufriera una serie de apoplejías que paralizaron el lado derecho de su cara, falleció en Scottdale, Arizona, el 24 de agosto del 2004. Se enfrentó a su propia muerte con la valentía que había afrontado la de los demás, y con el coraje que aprendió de sus pacientes más pequeños. Sólo pidió que la despidieran con alegría, lanzando globos al cielo para anunciar su llegada.

En su lecho de muerte, por cierto, sus amigos y seres queridos le preguntaron si le temía a la muerte, a lo que ella replicó: «No, de ningún modo me atemoriza; diría que me produce alegría de antemano. No tenemos nada que temer de la muerte, pues la muerte no es el fin sino más bien un radiante comienzo. Nuestra vida en el cuerpo terrenal sólo representa una parte muy pequeña de nuestra existencia. Nuestra muerte no es el fin o la aniquilación total, sino que todavía nos esperan alegrías maravillosas”.

fuente:  http://www.guioteca.com/fenomenos-paranormales/elizabeth-kubler-ross-la-connotada-cientifica-que-confirmo-que-si-existe-el-mas-alla/


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Niño recuerda su vida pasada en Hollywood


Niño recuerda su vida pasada en Hollywood codeándose con las estrellas

Ryan señaló a un hombre en la foto y dijo: “Hey Mamá, ese es George. Nos tomamos una foto juntos. Y…, Mamá, ese hombre soy yo. Yo me encontré”

Por Tara MacIsaac – La Gran Época

Boy-Hollywood

Cartel de Hollywood. (Shutterstock *) Abajo a la izquierda: una foto de archivo de un chico señalando. (Shutterstock *) 2 º Derecha: Marilyn Monroe en la portada de la edición enero 1954 de la revista Now. (Wikimedia Commons) Abajo a la derecha: La actriz Rita Hayworth (Wikimedia Commons)

A los 4 años de edad, Ryan empezó a hablar de ir a casa, a Hollywood. Solía dirigir películas imaginarias, gritando “¡Acción!”

Sus padres no pensaban mucho sobre esto hasta que comenzó a tener pesadillas. “Se levantaba agarrando su pecho y diciendo que no podía respirar. Comentó que cuando estaba en Hollywood su corazón había explotado”, escribió el Dr. Jim Tucker, un destacado investigador de casos de reencarnación, en su libro “Volver a la vida: Casos extraordinarios de niños que recuerdan vidas pasadas”. El Dr. Tucker es también profesor asociado de psiquiatría y ciencias del comportamiento neurológico de la Universidad de Virginia, Estados Unidos, y director médico de la Clínica de Psiquiatría para el Niño y la Familia.

Mientras intentaba aliviar la angustia del niño, Cyndi, la madre de Ryan, contactó al Dr. Tucker. Ella no estaba predispuesta a creer en la reencarnación; se crió como Bautista y su esposo era hijo de un ministro de la Iglesia de Cristo. Pero como su hijo siguió hablando de su otra vida y de su otra familia en Hollywood, eso la impulsó a buscar ayuda donde la pudiese encontrar. Ryan solía llorar pidiéndole a Cyndi que lo llevara a casa con su familia en Hollywood.

Consiguió en la biblioteca algunos libros sobre Hollywood para ver si Ryan reconocía algo. En uno de los libros, una imagen de la película de 1932 “Noche tras noche” desencadenó una serie de recuerdos que posteriormente fueron verificados.

Dijo que era amigo de un hombre que en la película era un vaquero y también actor en comerciales de cigarrillos. Gordon Nance era un actor en esa película; protagonizó westerns y fue portavoz de los cigarrillos Viceroy.

Ryan señaló a un hombre en la foto y dijo: “Hey mamá, ese es George. Nos tomamos una foto juntos. Y… mamá, ese hombre soy yo. Me encontré”.

El hombre que Ryan identificó como George era George Raft, un actor principalmente de películas de gángsters en las décadas del 1930 y 1940. El hombre que Ryan identificó como a sí mismo no estaba nombrado en el libro, pero más tarde el Dr. Tucker ayudó a la familia a descubrir su identidad: Marty Martyn.

Martyn tuvo un papel secundario en la película. Ryan recordó una escena de la película donde había un armario lleno de armas. Sí, había tal escena en esa película.

Recordó otros detalles de la vida de Martyn, los colores de su automóvil y del automóvil de su esposa, el cabello castaño rizado de su madre, una hermana tres años menor que él, las coletas de su hija y su época de bailar tap en Broadway. Ryan una vez le pidió a su madre un “Tru Ade”, antes de corregirse a sí mismo y decir “Dr. Pepper”. Pues resulta que Tru Ade fue un refresco que se vendió desde 1940 hasta principios de los ’70, mucho antes de la época de Ryan.

Vio una foto de Marilyn Monroe y la llamó “esa dama María”. Comentó que trató de hablar con ella en una fiesta y que “esos tipos del estudio” le dieron un puñetazo. Ellos no lo dejaron acercarse lo suficiente como para hablar con ella. Vio una foto de Rita Hayworth y dijo que solía hacer presentaciones de Coca-Cola.

La nostalgia y la añoranza caracterizaron sus conversaciones sobre el estilo de vida de Hollywood y sobre los viajes por el mundo, bailando vals en barcos con bellas mujeres y otros pasatiempos glamorosos. Una vez dijo: “No puedo vivir en estas condiciones. Mi última casa era mucho mejor”.

Probando más los recuerdos

El fallecido Ian Stevenson, predecesor de Tucker en la Universidad de Virginia, examinó muchos casos de niños que recuerdan vidas pasadas en Asia. Tucker se está enfocando más en los casos de Estados Unidos. Generalmente, las familias asiáticas tienen un trasfondo de creencia en la reencarnación, muchas familias estadounidenses no.

Tucker escribió que “en los casos de los asiáticos, las familias suelen llevar a cabo pruebas informales, que son completamente descontroladas”. “Tal como escribió Ian, las pruebas generalmente se hacen con un gran grupo de gente alrededor. Alguien hace una pregunta como por ejemplo ‘¿Ves a tu esposa aquí?’ Cuando todo el mundo mira expectante a la viuda de la persona anterior, es difícil que el niño se equivoque al señalar a la persona”.

El Dr. Tucker le mostró a Ryan cuatro fotos de mujeres, de todas estas Martyn conoció solo a una, la que era su esposa. Ryan no pareció reconocer a las otras fotos y señaló la foto de la esposa de Martyn y dijo que le resultaba familiar.

El Dr. Tucker le mostró fotos de cuatro hombres. Ryan señaló a uno y le dijo: “Ese es el senador Five”. Ryan dijo que se había reunido con ese senador en Nueva York. La foto era del senador Ives (el Dr. Tucker dijo que el niño pudo haber confundido “Ives” por “Five”), que era un senador de los EE.UU. para Nueva York en los años ’40 y ’50. Martyn había conocido a Ives, pero no a los otros tres hombres en las fotos.

El Dr. Tucker le mostró a Ryan cuatro nombres (Ryan tenía seis años en ese momento y pudo leer los nombres): John Johnson, Willie Wilson, Marty Martyn y Robert Robertson. Ryan eligió Marty Martyn. El Dr. Tucker realizó varias pruebas similares.

Reunión con la hija de Martyn

Según el Dr. Tucker, a veces enfrentar a la familia de una vida anterior puede ayudar a los niños a dejar de lado la vida anterior y la angustia asociada, “Los recuerdos de los niños quedan validados, pero también ven que las cosas han cambiado”.

Aunque Ryan había expresado desde hace tiempo una intensa añoranza de lo que recordaba de su antigua vida, en cierto punto él dijo: “Yo sólo quiero ser yo, no mi viejo yo”. Cuando se estaba preparando para conocer a la hija de Martyn y le dijeron su edad, él se enojó. “Ella envejeció. ¿Por qué no me esperó?”

Durante la reunión Ryan se mantuvo reservado. Más tarde dijo: “La misma cara, pero ella no me esperó. Ella cambió, su energía cambió. No quiero volver. Quiero seguir para siempre con esta familia”.

¿Por qué regresó?

Muchos de los niños que parecen recordar sus vidas pasadas, murieron angustiados.

El Dr. Tucker escribió: “Ryan dijo que la razón por la que tuvo que regresar fue que no pasaba suficiente tiempo con su familia en su vida pasada; trabajaba tanto que se olvidó de que el amor es lo más importante”.

Lo que Ryan recordó del embarazo de su madre, el tiempo antes del nacimiento

Cyndi quería una hija. Su marido ya tenía dos hijos y ellos decidieron tener uno más. Un día Ryan le preguntó por qué pensaba que iba a ser una niña y Cyndi le preguntó cómo sabía que ella deseaba tener una niña. Él respondió que nadie se lo había dicho, que él lo había visto desde el Cielo.

“Ese médico te hizo un test y te dijo que yo era un niño. Te enojaste y dijiste que él estaba equivocado. Tú simplemente sabías que yo sería una niña. Mamá, era el cumpleaños de papá, después fuiste a un restaurante a comer y lloraste durante un tiempo muy largo”.

Todo eso era tal como había sucedido. Cyndi explicó que ella realmente lamentaba su comportamiento ese día y que no pudo imaginar cómo podría haberle dicho a Ryan sobre el tema o hablado de ello para que él lo oyera.

 

 

 

 

 

 

Fuente: http://www.lagranepoca.com/32252-nino-recuerda-su-vida-pasada-hollywood-codeandose-estrellas


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Niño de 3 años recordó su vida pasada


Niño de 3 años recuerda su vida pasada

El niño de tres años que recordó su vida pasada, identificó a su asesino y la ubicación de su cuerpo

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Siempre se ha considerado que los niños tienen una imaginación muy viva. Pero, ¿cómo podemos saber si nuestros niños están contando historias o si realmente son la reencarnación de alguien? Hay muchos casos que indican que los niños, de hecho, tienen la capacidad de recordar sus vidas pasadas. Y aunque muchas personas rechazan esta creencia, lo cierto es que los hechos demuestran que se trata de toda una realidad.

¿Pero qué ocurre si un niño reporta un incidente en particular que se puede probar? Por ejemplo, mediante los libros de historia, en los registros de guerra o incluso por los recuerdos de los miembros mayores de la familia.

Y este es el caso de un niño de 3 años de edad, que vive en la región de los Altos del Golán, cerca de la frontera de Siria e Israel, que según relató fue asesinado con un hacha en su vida anterior. Pero lo sorprendente no fueron sus palabras, fue capaz de mostrar a los ancianos de la aldea, el lugar exacto donde el asesino enterró su cuerpo. Después de una investigación al lugar indicado por el muchacho, descubrieron atónitos el esqueleto de un hombre allí, además el arma del homicida, un hacha.

La reencarnación de una víctima por asesinato

En su libro, “Los niños que han vivido antes: La reencarnación en la actualidad”, el terapeuta alemán Trutz Hardo narra la historia de este chico, junto con otras historias de niños que parecen recordar sus vidas pasadas con una exactitud asombrosa. La historia de este niño fue presenciada por el Dr. Eli Lasch, quien es mejor conocido por el desarrollo del sistema médico en Gaza como parte de una operación del gobierno israelí en la década de 1960. El Doctor Lasch, que murió en 2009, le contó los acontecimientos asombrosos a Hardo.

El muchacho era de la etnia drusos, y en su cultura se acepta la existencia de la reencarnación como un hecho. Tan pronto como nace un niño, los ancianos buscan marcas de nacimiento, ya que están convencidos de que éstas provienen de heridas de muerte atribuidas a una vida pasada. Si dichas marcas se encuentran en un niño, los ancianos tratan de descubrir información de su vida pasada, y tan pronto como el niño es capaz de hablar intentan obtener los primeros indicios sobre las circunstancias de su antigua muerte.

Ellos son conscientes de que a menudo los niños pequeños confunden los acontecimientos pasados ​​y presentes, así que tan pronto como el niño tiene tres años y es capaz de distinguir entre los acontecimientos del pasado y su vida actual, el niño es llevado al lugar que ha descrito y en el que afirma haber vivido en una vida pasada (siempre que el niño en cuestión mencione tal lugar). Dado que se trata por lo general una circunstancia inusual, se forma una especie de tablero de nativo para la investigación, dirigido por varios respetados ancianos de la aldea.

Incluso con estos datos, la historia del pequeño de tres años llegó a sorprender a toda su comunidad. El pequeño nació con una gran mancha de nacimiento en la cabeza de color rojo. Cuando el niño tenía la edad suficiente para hablar, le dijo a su familia que había sido asesinado por un golpe en la cabeza hecha con un hacha, además de recordar el nombre que tuvo en su vida pasada. El chico decía ser la reencarnación de un hombre que había desaparecido cuatro años antes. También recordaba el nombre completo de su asesino.Debido a la expectación creada por las declaraciones del muchacho, muchos curiosos se habían reunido para presenciar lo imposible. De repente, el muchacho se acercó a un hombre y le dijo: “¿No eres tú…?” El hombre respondió que sí. Entonces el muchacho dijo: “Yo solía ser su vecino. Tuvimos una pelea y me mató con un hacha”. El hombre se quedó sin habla y sin poder reaccionar pero él no admitió el asesinato.

Entonces el niño les dijo a los ancianos donde estaba enterrado el cuerpo. En ese mismo lugar, encontraron el esqueleto de un hombre con una herida en la cabeza que correspondía a la marca de nacimiento del niño. También encontraron el hacha, el arma homicida. Todo el mundo se quedó mirando el asesino quien finalmente admitió el crimen delante de todos. El Doctor Lasch, fue el único no-druso que estuvo presente a través de todo este increíble proceso.

¿Cómo podía haber sabido el pequeño donde había enterrado su cuerpo después de su muerte? ¿Cómo pudo reconocer a su asesino? ¿Cómo un niño tan pequeño recordaba tantos detalles de una vida pasada? Son muchas las preguntas que acompañan a este inusual caso, que escapa a cualquier explicación de la razón.

Fuente: Paradigma Terrestre


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NIÑO RELATA EPISODIOS DE VIDA ANTERIOR


 

 

 

HE VUELTO PARA RECONCILIARNOS
 

 valentia

UN NIÑO RELATA EPISODIOS DE UNA SUPUESTA VIDA ANTERIOR


  Por: Uriel Escobar Barrios (Médico Cirujano, Especialista en Psiquiatría, Especialista en Gerencia en Servicios de Salud)

   ASI COMIENZA LA HISTORIA

        San Agustín es una pequeña población colombiana perteneciente al Departamento del Huila y ubicada geográficamente en el Sudeste del país. Es conocida porque en su territorio floreció una de las culturas aborígenes que dejó para la posteridad grandes legados que permiten conocer la cosmovisión de las comunidades indígenas, la cultura agustiniana es un testimonio viviente del pasado y de la idiosincrasia actual de nuestros pueblos indoamericanos.
Cuando la visité en 1.993 para reencontrarme con ese pasado ancestral, uno de los mayores impactos que recibí fue la profunda veneración que ellos le rendían a la naturaleza y a sus dioses. La contemplación de valles infinitos, los monolitos, los sitios sagrados a donde acudían para sus diferentes ritos de iniciación ó para conectarse con el cosmos, producen en el visitante una sensación de plenitud universal.
Para un psiquiatra interesado en los fenómenos humanos relacionados con la vida y la muerte, lo más característico de esta cultura (por lo menos lo que se ha conservado), es la gran cantidad de ritos y testimonios referidos al acto de nacer y morir. En las tumbas tanto de las personas de alto rango como en las del más humilde indígena hay un hecho común: Todas tienen los objetos más apreciados por el difunto (bastones, collares, aretes, alimentos). Porque en la cosmovisión de la cultura agustiniana la muerte es un tránsito, es un largo camino que se debe recorrer y nada mejor que ir aprovisionado de los elementos que en esta existencia nos han acompañado.
“La muerte física no es el final de la existencia, algo nos sobrevive, algo que está mucho más allá de la mera experiencia cotidiana”. Este concepto que tradicionalmente se ha considerado como propio de la cultura oriental, en la medida en que se investiga en ciertos grupos de occidente se encuentran muchos elementos en común con esta creencia. En el trabajo sobre MUERTE Y RENACIMIENTO (publicado en esta misma página), me extiendo más sobre el tema por lo cual lo toco de una manera tangencial y ahora sí: comencemos.

CONOZCO A LA MAMA DE ANDRÉS

         Mónica es una mujer de 40 años, es profesional postgraduada y se desempeña de manera exitosa en el ejercicio de su profesión. Es casada, tiene 2 hijos y desde hace 1 y ½ años asiste a la consulta para tratar de aclarar algunos puntos oscuros en su relación de pareja, los cuales le generan una sensación de disconfor psíquico y emocional. Cuando analizamos las figuras tanto femeninas como masculinas con las cuales ella se ha identificado, hay 2 personas que son significativas: Su padre, el cual murió cuando ella tenía 12 semanas de gestación y con el cual mantuvo una serie de conflictos que no pudieron resolver. Y la otra persona es su hijo (el que estaba en el vientre a la muerte de su padre), con él tiene una relación muy particular, la cual será la misma Mónica la encargada de relatarla posteriormente con sus propias palabras.
QUIEN ES ANDRÉS?: Es un niño de 8 ½ años y por supuesto es el hijo de Mónica, nació justamente después de la muerte de su abuelo materno. Actualmente cursa sus estudios primarios y es un infante absolutamente normal, a excepción de algunas particularidades que tuvo en sus primeros años, tal como lo refiere su propia madre.

AHORA SI, LA HISTORIA CONTADA POR SU PROTAGONISTA

” UNA EXPERIENCIA EXTRAÑA CON MI HIJO”
 

        ” El 18 de Julio de 1.990 a las 9:15 A.M. nació mi hijo por cesárea. Un niño. A las 11:30 A.M el médico pediatra llegó a mi habitación para entregarme al bebé, me dijo algunas cosas y lo colocó a mi lado derecho. Tan pronto lo miré, sentí una extraña sensación en todo mi cuerpo, lo miré y sorprendida exclamé: “Mi Papá?”; “Qué hace aquí mi Papá?”. Sentí que era mi padre el que me miraba y que estaba allí para darme lo que me había quedado debiendo.
Mi padre fue un hombre demasiado severo que impuso su voluntad en la familia (mi mamá y 8 hermanos), machista a morir y que tuvo conmigo un comportamiento poco claro para mí, pues siempre sentí que me evitaba, no le gustaba acariciarme, poco se dirigía a mí. Cuando fui al colegio y a la Universidad me apoyó económicamente, pero, jamás hubo un diálogo. Jamás tocó a mi primera hija, ni entró a mi casa, ni siquiera me recibía un vaso de agua. Murió cuando Yo tenía 12 semanas de embarazo de Andrés.
Aquella extraña sensación de mi padre frente a mí, pequeño, indefenso y frágil, mirándome con aquellos hermosos ojos azules y dependiendo de mí, era indescriptible. Me sentía feliz, con ganas de llorar y no pude evitar decirle que Yo lo iba a amar y que no necesitaba darme nada, ni pagarme el amor que me había negado, porque siempre lo había comprendido y perdonado.
Al mes de haber nacido vino una hermana para conocer a Andrés. Y que sorpresa la que se llevó!!. Comentó lo siguiente: “Andrés es como mi Papá en persona”. Me decía que algo tenía ese niño que la hacía conmover. Esta hermana era la hija preferida de mi Papá a quien él le brindaba desde niña muchas caricias y después de ser adulta (al terminar su carrera), ayuda económica lo que nunca hizo conmigo.
Desde los 2 ó 3 meses el niño comenzó a hacer un sonido con su rinofaringe (la garganta), idéntico al que hacía mi Papá, el cual lo hacía porque tenía una afección de las fosas nasales y los pulmones (Rinitis y Asma Bronquial), esta afección se desencadenó según él desde el día de mi nacimiento. De día y de noche el niño estuvo haciendo este ruido, sin tener absolutamente ninguna congestión en sus fosas nasales!!. Mi Mamá y el resto de hermanos se sorprendían por este hecho y siempre comentaban: “Hace un ruido igual a como lo hacía su abuelito!!”
Cuando Andrés comenzó a hablar y se le preguntaba: “Cómo te llamas?”, siempre decía: “José”. “No”, le decía Yo, “Tú no te llamas José, Tú eres Andrés”. “No, no”, siempre respondía, “Yo me llamo es José”. Finalmente no le seguía insistiendo, hasta que se le pasó esa idea. Saben como se llamaba mi padre?…José!!
Cuando tenía aproximadamente 15 meses fuimos a visitar a su abuelita (ella vivía en otra ciudad). Nos sentamos en la sala y de pronto el niño vio en la pared una foto del abuelito cuando era adulto (tendría unos 33 años), el niño corrió hacia esa pared y señalando la foto dijo en su lenguaje : “Yo, Andrés…Yo Andrés”, todos sus familiares le decían: ” Ese es su abuelito, el nono suyo, su nonito”. “No, no, Yo Andrés…Yo Andrés”. Nadie de la familia fue capaz de convencer al niño de que ese no era él sino su abuelito. Y durante varios minutos estuvo mirando la foto y señalaba su pecho con el dedo índice y repitiendo: “Yo, Andrés…Yo Andrés…Yo, grande”.
De aproximadamente 18 meses, salía de su alcoba con una correa enrollada alrededor de la mano y decía con actitud amenazante: ” Le pego con la colea!. Toy blavo!. Le pego con la colea!”. Al verlo inmediatamente venía a mi mente y sentía a mi Papá exactamente de la misma manera como nos castigaba de pequeños y utilizando las mismas palabras!!.
Cuando se le preguntaba: “Andrés Tú donde naciste?”. Siempre respondía: “En Toledo”. No había poder humano en ese entonces que lo convenciera que el había nacido realmente en otra ciudad (Manizales). Ya ustedes se imaginarán donde vivió durante toda su vida mi Papá: Pues en Toledo!!.
Cuando era algo mayor había dos cosas que le fascinaban: Hablar de Toledo y que Yo le contara como me comportaba y que sentía de niña por José mi Papá. Primero lo de Toledo, hablaba muchas, pero, muchísimas cosas de lo que hacía cuando vivía en este pueblo, siempre comenzaba: “Cuando Yo era grande y vivía en Toledo…” y seguía con toda una cantidad de relatos que ahora no recuerdo. Por supuesto mi niño nunca ha vivido en este pueblo!!. Segundo, lo de nuestra relación cuando era niña. Andrés durante las noches prefería antes de que le leyera cuentos, de que le contara como me comportaba y lo que sentía por Papá, aún recuerdo cuando me pedía: “Cuéntame una historia de cuando tú eras chiquita, con el nono Joche”. Mientras le contaba él quedaba fascinado y encantado.
Andrés entró a estudiar a muy temprana edad (3 y ½ años), cuando llegó al colegio lo primero que dijo es que quería entrar al equipo de fútbol porque quería ser futbolista, es apasionado por este deporte, es más aún a la edad que tiene dice que cuando grande se va a ir a Italia para estudiar fútbol. Su Papá jamás ha tocado un balón de fútbol y a sus tíos no les gusta este deporte. Sin embargo, su abuelito era un aficionado y practicante y hasta bien entrado en años participaba en equipos de fútbol de rodillones (equipos donde juegan personas mayores), le gustaba exhibir las fotos con sus amigos de este deporte.
Hoy, sabemos que nos amamos entrañablemente. En secreto nos decimos cosas para que la hermanita y el papi no se den cuenta. Tiene 8 y ½ años y hace 8 días me envió un mensaje:
” Mami Yo te amo!!
Mami desde que nací te amo con todo mi cuerpo, mi alma y mi corazón.
Cuando te vi, creí que eras para mí un gran rayo de sol”

QUE SIGNIFICADO TIENE ESTA HISTORIA?…PORQUE LA TRAIGO A CUENTO?

         Estas son las preguntas lógicas que hace cualquier lector que haya seguido hasta este punto la historia que relata Mónica con respecto a su hijo Andrés. La respuesta es que como clínico considero a este como uno de los más típicos casos de niños que presentan en sus primeros años una serie de verbalizaciones y comportamientos que sugieren la posibilidad de que recuerden de manera fidedigna experiencias vividas por personas ya fallecidas.
Estos fueron los casos que comenzó a escuchar en la década del 60, uno de los más prestigiosos psiquiatras que han investigado el fenómeno de recuerdos de vidas pasadas relatadas por niños. El Doctor Ian Stevenson de quien estoy haciendo referencia publica los primeros casos en 1.962 y desde entonces se ha dedicado con un gran rigor científico a comprobar a través de testimonios de familiares de las personas fallecidas la veracidad de la información aportada por los niños. Pero, además ha confrontado los datos con los archivos existentes en los sitios donde vivió la persona, los lugares que frecuentó en vida, etc.
Del total de casos que el doctor Stevenson tiene en sus ficheros (que ya pasan del millar), la gran mayoría de ellos no se corresponden con los criterios que él ha estandarizado para considerarlos como casos válidos. Se han encontrado casos que van desde el simple engaño, hasta recuerdos por Criptomnesia (fabulación de recuerdos por la memoria), y por conocimientos adquiridos paranormalmente. A esto se agrega la influencia que tienen las creencias de la cultura donde ha nacido la persona. Después de haber hecho una selección tan exhaustiva, el Doctor Stevenson llega a la conclusión de que hay unos casos efectivamente reales y que no se ha encontrado hasta ahora ninguna otra vía diferente a la reencarnación para explicar los conocimientos que los niños han adquirido a tan tempranas edades.
He presentado el caso de Andrés tal como lo relata de manera textual su madre, siendo esta la presentación inicial de un caso que continuaré investigando, faltan muchos elementos como: Entrevistas a todos sus familiares, al padre, verificación de ciertos hechos por él referidos y finalmente entrevistar al niño para explorar cuáles de estos recuerdos están en su mente consciente.
Ahora voy a tratar de responder para concluir la presentación de la historia con unas preguntas que frecuentemente se me hacen y que insisto las respondo dentro de la hipótesis que estoy planteando: De que es posible la reencarnación en el ser humano. Desde la perspectiva no reencarnacionista (la cual tiene igual validez), las respuestas a estos hechos por supuesto que son distintas.

1. PUEDE REENCARNAR EL NIÑO EN SU ABUELO?
2. SE PUEDE DAR ESTE HECHO TENIENDO EN CUENTA QUE YA LA MADRE ESTABA EMBARAZADA?
3. QUE EXPLICACIÓN SE DA CUANDO UNA PERSONA VUELVE COMO HIJO DE SU HIJA?

Para responder a la primera pregunta sobre si es posible que el niño haya reencarnado en su abuelo debemos considerar 2 fuentes para una posible explicación, la primer fuente es lo que dice la tradición especialmente de aquellas culturas que como mencioné al comienzo, consideran a la reencarnación como un dogma de fe. Y la segunda es la revisión de los resultados obtenidos por algunos investigadores que trabajan en esta área.
Veamos muy sucintamente a la tradición y resolvamos los tres interrogantes que se encuentran en íntima conexión. Las personas reencarnan para cumplir un determinado objetivo, tenemos cuentas por saldar, debemos realizar un determinado sueño y nada mejor para cumplir esa misión que hacerla con las personas con las cuales hemos tenido una profunda ligazón en la evolución de nuestra alma. Desde el momento en que el alma deja su envoltura física y regresa pueden transcurrir desde algunos meses, hasta muchos años (se habla de tiempos tan extremos que van desde los 3 mases, hasta los 99 años). A la luz de esta hipótesis (no me cansaré de recordarle amable lector que esta es una hipótesis de trabajo), es perfectamente factible que José haya vuelto en la envoltura física de su nieto actual para perdonar y ser perdonado, tal como se expresa en el título del trabajo: Para reconciliarse.
Helen Wambach es una psicóloga que ha hecho un trabajo extraordinario. Ella sometió a 750 personas a un estado alterno de su conciencia (utilizando la hipnosis), y bajo este estado trató de resolver cuando las personas revivían sus vidas pasadas una serie de preguntas vitales (dentro de ellas las tres que hemos formulado), para lograr entender la compleja urdimbre que subyace en casos que como el de Andrés no hay hasta ahora a la luz de la investigación científica una respuesta que satisfaga a todos los estudiosos del comportamiento humano.
La doctora Wambach no encontró absolutamente nada distinto a lo que dice la tradición, sus hallazgos fueron los mismos que se han obtenido a través de prácticas milenarias desarrolladas en las diferentes culturas que creen en la reencarnación. Sin embargo, su gran mérito es haber estudiado con el prisma de la ciencia un fenómeno que hasta hace muy pocos años era solo del dominio de los maestros espirituales ó de las escuelas esotéricas. Ella con otros investigadores han intentado darle un lenguaje científico y comprensible para cualquier persona de cualquier latitud al tema de la muerte y la reencarnación.

ASI TERMINA LA HISTORIA

         La investigación del caso de Andrés apenas comienza, como lo dije en un apartado anterior esta es apenas la presentación inicial del relato que hace Mónica, su madre.

La segunda fase es la entrevista de todos sus familiares cercanos, luego viene la confrontación de los hechos relatados y finalmente las consideraciones sobre si es ó no un caso válido. Al finalizar el estudio si reúne suficientes requisitos, es un caso más de los que han reportado muchos investigadores de esta área.

Se puede demostrar a través de esta vía la reencarnación en el ser humano?…Pienso que no, sin embargo, aporta elementos para reflexionar sobre el más fascinante de los misterios del ser humano: Qué sucede después de nuestra muerte física?.

Fuente : http://www.ctv.es/USERS/seip/colomb7.htm


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